Arrabal Fernando

FERNANDO ARRABAL

BIBLIOFILIA

3 DE JULIO DE 2019

Version espagnole

«La Universidad de Yale posee ¿la mayor? colección de libros raros y manuscritos que se conoce. Con 800.000 volúmenes, documentos y manuscritos de autores y de artistas mayores, incluso una Biblia de Gutemberg, el manuscrito de Voynich o el mapa de Vindland. Y es que en la bibliofilia se han refugiado los textos más escalofriantes, eruditos, agudos e insólitos»

 

ALFONSO X ¿fue el primer bibliófilo de la historia? Alfonso X El Sabio nació en Toledo el 23 de noviembre de 1221 y se ocultó en Sevilla el 4 de abril de 1284. Fue Rey de Castilla y de León a la muerte de su padre, Fernando III
El Santo. Los cosmonautas de 1935 nombraron en su honor al cráter lunar «Alphonsus». Fue sobre todo un superdotado inventor de clichés. De la ex- tensa obra bibliofílica alfonsí destacan: Las siete partidas, Cántigas de Santa María, Lapidario, Libro de los juegos, etc.:
—El Rey… las emienda et yegua e endereça e mues- tra la manera de cómo se deven fazer… dezimos por esta razón que el rey faze el libro.
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La locución latina «exlibris» o «ex libris» («de en- tre los libros») es una marca de propiedad. Normal- mente consiste en un grabado, estampa, rótulo o etiqueta que suele colocarse en el reverso de la tapa o cubierta de un libro con el nombre del dueño del ejemplar. Por lo general el exlibris exhibía también alguna imagen en las inscripciones manuscritas que escribía en la Edad Media, por ejemplo, el bi- bliotecario del convento. Jean Grolier de Servières las mandaba hacer lujosamente para proteger sus libros. Encargaba principalmente al taller de Jean Picard estas encuadernaciones (en parte de oro) que constituían la «reliure Grolier». Su marca de pro- pietario era: «Io. Grolieri et Amicorum» y/o su divi- sa «Portio mea domine sit in terra viventium». Cuan- do cesaba de inventar retrocedía.
En cuanto a la elaboración de los exlibris, las téc- nicas empleadas han ido evolucionando y son muy variadas. Quien siembra la bibliofilia recoge des- lumbramientos. Los símbolos de las técnicas em- pleadas en la impresión de exlibris se indican inter- nacionalmente mediante unas abreviaturas apro- badas en el XXIX Congreso de la Federación Internacional celebrado en 2002 en Frederikshavn, Dinamarca.
La Beinecke Rare Book and Manuscript Library de la Universidad de Yale posee ¿la mayor? colec- ción de libros raros y manuscritos que se conoce. Imperceptiblemente la Babel de hoy se refiere al Ca- farnaúm de siempre. Con 800.000 volúmenes, do- cumentos y manuscritos de autores y de artistas mayores, incluso una Biblia de Gutemberg, el ma- nuscrito de Voynich o el mapa de Vindland. El ma- nuscrito de Voynich es un libro ilustrado, escrito por un autor anónimo en un alfabeto no identifica- do que parece proclamar: la disciplina es tóxica… Y un idioma incomprensible, el denominado voyni- chés. Aunque no se sabe cuándo fue escrito, según pruebas del carbono 14, el pergamino en el cual está escrito fue fabricado entre 1404 y 1438. El mapa de Vindlandia es un mapamundi ¿del siglo XV, copia- do de un original del siglo XIII? Su importancia estribaría en que, además de mostrar África, Asia y Europa, el mapa representa una masa de tierra en el Atlántico llamada Vindlandia, y dice que fue vi- sitada en el siglo XI por descubridores (para los cua- les toda ley era cargante).
No creo que deba llamarse a «un libro raro» y aún menos a un «libro de arte»: libro de bibliofilia.
Hoy el libro de bibliofilia tiene siempre el míni- mo de ejemplares posible. Cuando nada lo resuel- ve todo. «La bicicleta patafísica» solo tiene uno. En Francia el mínimo es de tres: uno para el autor del texto, un segundo para el autor de la imagen o ilus- tración y un tercero que se destina automáticamen- te a la Biblioteca Nacional de París. Normalmente cada libro tiene menos de cien ejemplares. Obvia- mente todos y cada uno de los ejemplares deben ser numerados y firmados por los autores.
En el siglo XX hubo muchos editores únicamen- te de libros de bibliofilia, algunos llegaron a ser más célebres que los mismos autores. Uno me dijo: «La bibliofilia y cualquier palabra que se le añada, una historia de amor». El pintor Tàpies un día me reve- ló que sus libros de bibliofilia, desgraciadamente no podían editarlos en España.
–«En España no tenemos este tipo de editor lu- nático».
Precisamente en España este tipo de chiflado y majareta existe. ¡Y de qué manera! Hoy Juan Carlos Valera es el mejor-editor-del-mundo. Sin lugar a duda. No vaya nadie a comprarle uno de sus libros, uno de sus tesoros. Nunca ha vendido ni tratado de vender una de sus alhajas y por tanto los ha hecho con las figuras más conocidas de hoy, de Oskar Nie- meyer a Louise Bourgeois. Suscita la envidia de los coleccionistas. Me encanta que la-primera-exposi- ción-de-libros-de-bibliofilia se haga en su «pueblo», Cuenca, que por cierto es la ciudad más bonita de España, incluso mejor que Melilla o Ciudad Rodri- go. Con sus precipicios maravillosos y diabólicos. Con su Ciudad Encantada realizada en pleno tohu- bohu cuando ningún humano pudo intervenir para mejorarla o interconectarla. Una ciudad esencial que desgraciadamente se encuentra a 164 kilóme- tros del aeropuerto de Madrid, y lo que es infinita- mente peor, a 200 y pico kilómetros del Mediterrá- neo. Donde ni Buda presiente a un nuevo dios.
Entre mis más de mil libros de bibliofilia los hay con René Magritte, Salvador Dalí, Roland Topor, Enrico Baj, Pablo Picasso, Gustave Charif, Alex Fas- sianos, entre otros. Entre ellos destacan la Bicy- clette pataphysique (de más de 3 metros de altu- ra); Disciplina de amor integrado por La regla de Catherine Millet, Cien versos para Cuenca de Mi- chel Houellebecq y mi Réquiem por la muerte de Dios. También, En olor de santidad, el mejor libro (antes de su conversión) de Antonio Saura, sin ol- vidar Clítoris, poema con 56 traducciones y 56 li- bros (como la versión checa de Milán Kundera); la obra monumental The five lights of Chinese art, con Yu Minjun, Wang Guangyi, Zhang Xiaogang, Yang Shaobin y Wang Quingsong. Para cada uno he realizado un libro «de bibliophilie», de 61 kg., 126× 84×11 cm., con veinte poemas de veinte versos para cada libro. Son mis menos malos escritos, los más secretos.
El 24 de noviembre de 1986 llegué a la Universi- dad de Yale para dar una conferencia. Y en cuanto aterricé lo primero que hice fue correr literalmen- te para ver su joya: la Beinecke Rare Book and Ma- nuscript Library. El rector del departamento de tea- tro D. Bronstein, el dramaturgo G.Katz, y Max Fe- rrá, director del teatro Intar de Nueva York, me propusieron:
–«Como es usted tan especial, ¿sería capaz de es- cribirnos un entremés de teatro esta noche?».
–«Es cierto que soy tan especial que no consigo parecerme… Pero ¿solo un entremés?; les compon- dré una obra y además con tres canciones en espa- ñol que todo el mundo creo que conoce en Yale».
–«¿Cúales son?».
-«Granada, Amado mío y La cucaracha».
Aquella noche… «en mi vida me he visto en tal aprieto», como dice el autor de un soneto pedido por Violante.

 

Felizmente fue una noche protegida por la deslumbrante ineficacia de las estrellas. Por pura chiripa el 25 de noviembre de 1986 pude leer mi engendro a la hora del breakfast. Me
tomé la licencia de que la obra se desarrollara en el futuro: el 24 de noviembre de 1999. Todo sucedía y sucede en la propia Universidad de Yale, pues se me hace el honor inmerecido de representarla a menu- do; con cinco personajes: dos humanos y tres ani- males para mayor emoción: el caballo «Valeroso», la cucaracha «Enamorada» y la granada «Pepitas». Y es que en la bibliofilia se han refugiado los tex- tos más escalofriantes eruditos agudos e insólitos. Es, sí, el feliz encuentro entre lo escrito y la estam-
pa.

FERNANDO ARRABAL ES DRAMATURGO