«Es verdad que la vida de Goya en Burdeos y sobre todo su ocultación en esta ciudad están llenas de interrogaciones. Casi tantas como la vida de Goya pintor de la corte bajo Carlos IV, Joseph Bonaparte y Fernando VII. De todo fuego hizo su leña. Goya construyó tales castillos en el aire que no le valieron sus escombros. Lo que todos nunca hemos podido dudar: Goya es el mayor pintor que parió madre»
NO sabemos exactamen- te por qué Goya (1746– 1828) se instaló en Bur- deos en 1824 desdeñan- do su primera etapa: París. (¿No quería deslumbrase sin esclarecerse?).
No sabemos exactamente si murió a causa de una caída en las escaleras de su casa bordelesa.
No sabemos exactamente dónde se encuentra actualmente su cráneo.
No sabemos exactamente quién es- taba cerca de su sepultura cuando se abrió el catafalco para trasladar sus res- tos a Madrid.
No sabemos exactamente si el pro- fesor Brulatour de la Escuela de Medi- cina de Burdeos tuvo la autorización de la «viuda» para decapitar el cuerpo de Goya.
No sabemos exactamente si un alumno en prácticas médicas sutilizó el cráneo de Goya para evitar que le mandaran a la fosa común.
No sabemos exactamente si verdaderamente el auténtico cráneo de Goya se «exhibió» a partir de 1950 en el café español de Burdeos «Sol y Som- bra».
No sabemos exactamente si el café de Burdeos
«Sol y Sombra» desapareció en 1955…. «a causa de un crimen pasional».
No sabemos exactamente por qué Goya (es- pectador de los hechos en 1808) pintó «Los fusi- lamientos del 3 de mayo de 1808» en 1814.
No sabemos exactamente si Goya pintó cuatro cuadros sobre «los 2 y 3 de mayo de 1808 ».
No sabemos exactamente por qué en 1867, en sus memorias de la Real Academia Española, José Caveda afirma que Goya ejecutó cuatro lienzos en torno a los días 2 y 3 de mayo de 1808.
No sabemos exactamente por qué Cristóbal Ferriz, un especialista de Goya, menciona igual- mente otros dos lienzos «adicionales».
No sabemos exactamente por qué Ferriz pre- cisa que estos lienzos ilustraron los combates en torno a «unas fortificaciones de artillería» duran- te los días 2 y 3 de mayo de 1808.
No sabemos exactamente por qué la posible desaparición de estos dos lienzos podrían indicar un «descontento oficial».
No sabemos exactamente por qué en la déca- da de 1850 el pintor José de Madrazo (director del Museo del Prado) puso en duda que Goya pinta- ra «el 3 de mayo».
No sabemos exactamente por qué José de Ma- drazo asegura (nada más y nada menos) que «este cuadro es de calidad muy inferior a otros retratos del maestro Goya». (¿Es siempre necesario recor- dar a los expertos las certezas flagrantes?)
No sabemos exactamente si algunos amigos de Goya (como Meléndez Valdés o Fernández de Mo- ratín) «sostuvieron» a Joseph Bonaparte, «Hispa- niarum et Indiarium Rex» de 1808 a 1813.
No sabemos exactamente por qué Goya rea- lizó el retrato del embajador bonapartista fran- cés (el comandante Ferdinand Guillemardet) en 1798.
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Lo que sí sabemos exactamente es que el crá- neo de Goya ha desaparecido.
Sabemos exactamente que Goya realizó en Bur- deos los «Desastres de la guerra» y «La lechera de Burdeos» un año antes de su ocultación.
Sabemos exactamente que el 9 de marzo de 1814 mientras está pintando los cuadros del 2 y 3 de mayo «en consideración a la grande importan- cia de tan loable empresa… mandar en consecuen- cia que se satisfaga a Don Francisco Goya por Te- sorería Mayor… la cantidad de mil y quinientos reales de vellón mensuales…». [Con la denomina- ción «reales de vellón», Joseph Bonaparte y Fer- nando VII los acuñaron].
Sabemos exactamente que la última casa dón- de vivió la familia Goya es hoy sede del Instituto Cervantes.
Sabemos exactamente que Goya estaba casi completamente sordo cuando alquiló un piano para Rosario Weis, la hija de su joven «compañe- ra» Leocadia («y quizás su propia hija»).
Sabemos exactamente que Goya con el grupo de liberales «migrantes» de Burdeos siguieron fieles «a la Ilustración» (¿arreciando al sudor de sus repudios?) y a «la bebiba de los españoles por ex- celencia: el chocolate».
Sabemos exactamente que Goya pintó en 1798 el pequeño óleo de 43×30 cms. «El aquelarre» («El gran cabrón») para el palacio de los Duques de Osuna, inspirándose en la «Relación del auto de
fé de Logroño de 1610».
Sabemos exactamente que «El colo- so» (o «El gigante», o «El pánico») es un óleo de 116 cm. x 105 cm. (de 1808) que llevó como subtítulo «Alegoría del águi- la que extiende sus alas sobre los Piri- neos».
Sabemos exctamente que su peque- ña tabla «Casa de locos» (o «Manico- mio») de 46×73 cms fue pintada por Goya en 1819. En una carta a su amigo Ber- nardo de Iriarte cuenta que ha asistido a una feroz pelea en un manicomio de Zaragoza.
Sabemos exctamente que en 1819 Goya pintó un gran óleo (de 143×81 cms) en una de las paredes de su Quinta del Sordo: «Saturno devorando a su hijo». Sabemos exactalmente que el sordo más célebre de Madrid pintó en 1820 al
ciego más famoso de la ciudad: un pe- queño óleo de 31×39 cms. «El tío Paque- te»: cantante y guitarrista de los aledaños de la iglesia de San Felipe el Real.
Sabemos exactamente que Goya fue enterra- do en el cementerio bordelés de La Chartreuse. («….j’habite Bordeaux, et si nous mourons, qu’on nous enterre.»)
Sabemos exactamente que Goya pintó mu- chas majas: «La maja desnuda», «La maja vestida» (Goya siempre llamó Cayetana a doña María Teresa del Pilar Cayetana Ál-
varez de Toledo, duquesa de Alba), Mariana de Waldestein, IX marquesa de Santa Cruz («La Mar- quesa de las Mercedes»), «Las majas en el balcón»,
«Las majas y los embozados»… Pero sistemática- mente nunca hizo nada sistemáticamente. Sin ol- vidar «La carta» con la joven aristócrata leyendo un mensaje amoroso mientras las lavanderas tra- bajan bajo un sol de justicia. Y por si fuera poco mientras su criada la protege con una sombrilla. Su perrito faldero está adornado con (esperamos y deseamos) un falso collar de perlas.
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Pero es verdad que la vida de Goya en Burdeos (su apariencia nunca le reflejó) y sobre todo su ocultación en esta ciudad están llenas de interro- gaciones. Casi tantas como la vida de Goya pintor de la corte bajo Carlos IV, Joseph Bonaparte y Fer- nando VII. De todo fuego hizo su leña. Goya cons- truyó tales castillos en el aire que no le valieron sus escombros. Lo que todos nunca hemos podi- do dudar: «Goya es el mayor pintor que parió ma- dre».
FERNANDO ARRABAL ES DRAMATURGO Y ESCRITOR